EL AZUL DE LA CONCIENCIA

En las tierras recias de La Mancha, donde los campos de trigo dorado se extienden hasta besar el horizonte y los molinos desafían al viento como antiguos centinelas, cuenta una leyenda que el color azul, tan presente en las casas de sus pueblos, es más que un simple capricho del pincel del albañil. Hubo en tiempos remotos un caballero errante, no de lanza en astillero ni rocín flaco, sino de alma noble y corazón sensible, que halló en su camino a un niño de mirada infinita, más profunda que el cielo y más silenciosa que la brisa. Este niño, llamado Lucio, no hablaba como los demás, ni respondía a las palabras del mundo. Mas en su soledad, comprendía la danza de las estrellas, el susurro del río y la poesía que escondían las piedras del camino. Los aldeanos, en su ignorancia, temían lo que no comprendían, y muchos apartaban la vista al verlo pasar. Pero el caballero, con la sabiduría de aquellos que ven más allá de los ojos, entendió que Lucio no era un ser distante, sino un alma que ve...