lunes, 23 de abril de 2012

EL PEQUEÑO CONEJITO BLANCO

Este es uno de los cuentos que hemos contado esta mañana en la Biblioteca del cole.

El pequeño conejo blanco

por Xosé Ballesteros
Ilustraciones, Óscar Villán

   Érase una vez un pequeño conejo blanco.
   Un día fue a buscar coles a la huerta para hacer un caldo. Cuando el pequeño conejo volvió a su casa, se encontró con la puerta cerrada y llamó.
   -¿Quién es? -preguntó un vozarrón desde dentro.
   -Soy yo, el conejito blanco, que vengo de buscar coles y voy a hacer un caldo.
   -Pues yo soy la cabra cabresa y, si no te vas, saltaré encima de tu cabeza.
   El pequeño conejo blanco escapó de allí, corriendo muy deprisa.


   Andando andando, el pequeño conejo blanco se encontró con un buey y le pidió ayuda.
   -Yo soy el conejito blanco y fui a buscar coles a la huerta. Volví a mi casa para hacer un caldo, pero en ella está la cabra cabruna y, si me salta encima, me despanzurra. ¿Quieres venir conmigo?
   - Yo no, yo no voy porque tengo miedo -dijo el buey mientras se iba.
   El pequeño conejo blanco siguió andando y se encontró con un perro.
   -Yo soy el conejito blanco y fui a buscar coles a la huerta. Volví a mi casa para hacer un caldo, pero en ella está la cabra cabreja que, si me salta encima, me desmadeja. ¿Quieres venir conmigo?
   -Yo no, yo no voy porque tengo miedo -dijo el perro mientras se iba.


   El pequeño conejo blanco siguió andando andando, y se encontró con un gallo.
   -Yo soy el conejito blanco y fui a buscar coles a la huerta. Volví a mi casa para hacer un caldo, pero en ella está la cabra cabrilla que, si me salta encima, me estampilla. ¿Quieres venir conmigo?
   -Yo no, yo no voy porque tengo miedo -dijo el gallo mientras se iba.

   El pequeño conejo continuó andando, cada vez más triste, ya sin esperanza de poder volver a su casa.
   Pero se encontró con una hormiga, que le preguntó:
   -¿Qué te ocurre, conejito blanco?
   -Que fui a buscar coles a la huerta y volví a mi casa para hacer un caldo, pero en ella está la cabra cabruja que, si me salta encima, me apretuja.
   -Pues voy contigo -dijo la hormiga-. Yo no le tengo miedo a una cabra caprina.
   Y los dos se encaminaron hacia la casa del conejito.
   Y llamaron a la puerta.
   -Aquí no entra nadie -dijo un vozarrón desde dentro-. Yo soy la cabra cabresa y, si no os vais rápido, os saltaré encima de la cabeza.
   Pero la hormiga le contestó:
   -Pues yo soy la hormiga rabiga y, como no abras, te picaré en la barriga.
   A la cabra cabrisa le dio un ataque de risa.
   Así que la hormiga rabiga entró por el agujero de la cerradura, se acercó a la cabra y ¡zas! la picó con fuerza en la barriga.
   La cabra escapó como un cohete, diciendo:
   -Yo soy la cabra cabresa y a esta casa no vuelvo porque... porque no me interesa.
   La hormiga rabiga le abrió la puerta al pequeño conejo blanco. Con las coles prepararon un sabroso caldo y se lo comieron.
   Y a mí no me dieron porque no quisieron.


Y colorín colorado...
este cuento no ha empezado

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